Arzobispo pide fortalecer la fe en Cristo resucitado

SACERDOTE. Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti

Ayer la Divina Misericordia desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti, afirmó que, “Ante nuestro corazón abatido, Jesús resucitado entra en él para fortalecernos en la fe y abrirnos a la esperanza de una vida libre del mal y de la muerte”

En este tiempo de Pascua, la liturgia de la Palabra invita a hacer, junto a los discípulos de Jesús, la apasionante experiencia de las apariciones de Cristo resucitado, para profundizar y saborear este acontecimiento que ha cambiado la historia de la humanidad y gozar de la vida nueva que él nos ha traído.

El pasaje del evangelio de ayer de la Divina Misericordia, presenta a los apóstoles reunidos en un mismo lugar y a puertas cerradas, en la noche misma de la resurrección de Jesús. Hay entre ellos aires de tristeza, dudas y miedo por la reciente pasión y muerte violenta de Jesús, pero, sobre todo, por el miedo a sí mismos que los atenaza, porque en esos momentos trágicos y dolorosos, sin más ni más, han dejado solo a Jesús, lo han renegado o traicionado.

Ante las puertas cerradas y los corazones abatidos, Jesús no retrocede, por el contrario, entra y se pone en medio de ellos para que lo vean bien, sientan su cercanía y comprueben que su presencia es real. Este hecho nos anima también a nosotros, en particular, cuando nuestro corazón se encierra en sí mismo por las adversidades de la vida, por nuestras dudas o por nuestros pecados. Jesús resucitado toma la iniciativa entra en nuestro íntimo para fortalecernos en la fe y abrirnos a la esperanza y a la dicha de una vida libre del mal y de la muerte.

Así mismo el prelado aseguró que, la paz es el fruto del amor y entrega de Jesús al Padre y de la solidaridad con la humanidad, la paz de las nuevas relaciones con Dios y los demás, la paz que es vida digna y armoniosa para todos. No una vida más fácil y acomodada, sino más plena, apasionada y dedicada a construir lazos de concordia y armonía con todos y a trabajar por una sociedad de paz, más fraterna y solidaria, cimentada sobre la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

La Paz, gozo y alegría, en la Biblia, son los signos distintivos de los últimos tiempos de la historia, en los que Dios instaurará la armonía plena y definitiva del hombre nuevo y del mundo nuevo en Cristo Resucitado

El Espíritu de Cristo Resucitado abre las puertas cerradas y su respiro mismo, sus palabras, sus enseñanzas y su misterio bajan sobre toda la Iglesia. Gracias al don del Espíritu la Iglesia vive de lo que Cristo vive, de su amor, de su entrega y de su misión: “Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a Ustedes”, dijo Monseñor.

Gracias al bautismo, Cristo resucitado ha tomado posesión también de nuestro ser, vive en nosotros y nos comunica su Espíritu para que podamos hacer las cosas de Dios.

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