MENSAJE. En su homilía, Sergio Gualberti señaló que la mayoría de la población se siente desamparada.

Iglesia indica que la sociedad sufre una justicia parcializada

HOMILÍA. El monseñor Sergio Gualberti, indicó que la situación actual que se vive en el país, contradice el mandato del Señor. Hizo un llamado a que se debe promover la justicia y el derecho con las relaciones personales y los bienes creados.

MENSAJE. En su homilía, Sergio Gualberti señaló que la mayoría de la población se siente desamparada.

El Arzobispo Emérito de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, afirmó ayer que la situación de la justicia debe ser un serio llamado de atención a la sociedad, porque la gran mayoría de la población se siente desamparada y sufre por una administración de la justicia parcializada y servil a los intereses de los poderes de turno.

Dijo que esta situación contradice un mandato del Señor y que para ser justos ante Dios, necesariamente se debe promover la justicia y el derecho también en las relaciones con las demás personas y los bienes creados.

“Yo el Señor, te llamé en justicia para ser luz de las naciones, abrir los ojos de los ciegos y para hacer salir de la prisión a los cautivos”, dijo a tiempo de recordar que Juan el Bautista predicaba la conversión e invitaba al pueblo de Israel a acoger a Jesús, el Mesías que es el hijo de Dios que no tiene pecado y es enviado a liberarnos del mal, para ello se mezcló con los pecadores.

Gualberti indicó que Dios quiere que todos tengamos una vida digna en este mundo y que gocemos de su paz por toda la eternidad, del respeto a la libertad y la conciencia de las personas.

Sostuvo que el temor de Dios no es miedo, es respeto y reconocimiento a él que nos ha dado la vida y puede liberarnos de los males. En ese marco convocó a trabajar en la construcción de un mundo donde la justicia, la libertad, la verdad y el bien común sean el marco referencial. Indicó que esa es nuestra misión de cristianos y exhortó a los fieles a pedirle a Dios nos dé la valentía de ser testigos humildes y alegres de Cristo, viviendo la comunión del bautizo que abre los cielos a toda la humanidad y confiere el poder sobre el mal y la muerte, para que podamos experimentar la cercanía, el amor y la misericordia divina.

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Fuente Erbol/El Mundo
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