Se impuso la opción “en contra” y rechazan reforma de la CPE

CONSULTA.-  Un 55% de los votos en contra y  un 44% del “a favor” fue el resultado del plebiscito de una segunda propuesta de reforma de la  actual Carta Magna de Chile

Desde Santiago, Chile) Con más del 50% de los votos escrutados y con una tendencia irreversible, Chile rechazó este domingo una segunda propuesta de nueva Constitución y decidió mantener el texto actual, heredado de la dictadura militar (1973-1990). La opción “En contra” se impone con poco más del 55% de los sufragios, frente a un 44 del “A favor”.

Las encuestas se inclinan por la opción “En contra” y los diversos actores sociales han concordado en que no habrá, al menos en este gobierno, un tercer intento. Crédito: Agencia UNO

Ayer domingo los chilenos volvieron a las urnas para votar “A favor” o “En contra” de una nueva propuesta de Constitución, elaborada esta vez por un Consejo Constitucional dominado por una mayoría de miembros del Partido Republicano y Chile Vamos, la derecha tradicional chilena.

Con el triunfo de la opción “En Contra” – apoyada por el gobierno y la izquierda y la que lidera todas las encuestas-, se mantiene vigente la actual Constitución, impuesta en 1980 por el régimen de Augusto Pinochet y reformada por el presidente socialista Ricardo Lagos en 2005. Es decir, un triunfo pírrico, con sabor a derrota para Boric y su gobierno, pues los partidos de izquierda perdieron el año pasado la oportunidad de instalar una Constitución a su pinta y ya firmaron una declaración conjunta donde se comprometieron a no impulsar un tercer proceso constituyente, producto del cansancio de los electores.

UN POCO DE HISTORIA

¿Pero cómo llegaron los chilenos a enfrascarse en un proceso constitucional que ha implicado cuatro años de dimes y diretes entre izquierda y derecha, un intento fallido de cambiar la Constitución actual y millones de dólares despilfarrados, sin resultado positivo alguno?

La crisis se desató con el estallido social del 18 de octubre de 2019, bajo el gobierno de Sebastián Piñera, cuando a modo de protesta por el aumento del precio del pasaje del Metro en $30 pesos (3 centavos de dólar), estudiantes hicieron evasiones masivas en el metro, rompiendo torniquetes para ingresar a los andenes sin pagar. Pronto la violencia se tomó las calles de Santiago, con quema de diversas estaciones de metro y buses, saqueo de supermercados y ataques a cientos de instalaciones públicas.

El gobierno decretó estado de emergencia y toque de queda, desplegando en las calles a los militares. Pero rápidamente el gobierno de Piñera se vio forzado a ceder y anunció la suspensión del alza en la tarifa del metro, afirmando que había escuchado “con humildad la voz de la gente”.

Sin embargo, este anuncio no atenuó la furia de los chilenos que corrió como reguero de pólvora: los días siguientes ciudades grandes como Santiago, Valparaíso y Concepción y otras más pequeñas, fueron vandalizadas y amanecieron con graves daños en edificios y espacios públicos, además de paros en puertos y cortes de carretera.

“Estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable que no respeta a nada ni a nadie y que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite, incluso cuando significa la pérdida de vidas humanas, con el único propósito de producir el mayor daño posible”, dijo entonces Piñera en un mensaje televisado el domingo 20 de octubre.

Durante casi un mes las protestas se sucedieron a diario y el gobierno reprimió con dureza a los manifestantes: al menos 19 personas murieron y 400 sufrieron trauma ocular por parte de efectivos policiales. “No son 30 pesos, son 30 años”, era la consigna: la gente clamaba descontenta contra el modelo económico y político chileno, probablemente uno de los más desiguales de Latinoamérica, instaurado con la Constitución de Pinochet en 1980.

Source Infobae